Atención: sólo si eres más de corto que largo plazo podrás entrar en la aventura.

martes, 13 de noviembre de 2007

YOUNG GUNS


No se puede llevar una vida más excitante que la que tenemos en la editorial.
Ayer llegué con bastante antelación porque sabía que si llegaba al mismo tiempo que todos los demás tendría que explicar mi ausencia. Se me da mal mentir pero soy especialista en escaqueos.
A las chicas les había colado por teléfono que tenía un problema de "mujeres" sin especificar, y que me cogía los días para asuntos propios que no había usado. Y menos mal que no se me había puesto Diego porque no se le escapa nada y acabas confesando. Fue la llamada que gasté en la comisaría.
La primera parte de la mañana de ayer transcurrió sin mucho sobresaltos. Yo tenía un montón de trabajo en la mesa y para colmo no tenía a mi jefe para preguntar lo que tenía que hacer con tanto papeleo. El resto de la gente estaba trabajando y en silencio. Era un lunes raro porque normalmente los lunes son una continuación del fin de semana. Continuación que se hace en la salita.
Y la mañana se alteró, y de qué manera.
Valeria me llamó desde recepción:
- Oye, Azu. Que hay aquí un chiquito que quiere verte. ¿No sería en este en el que gastaste tus días de asuntos?
- Ojalá lo fuese. Digo, bueno que se pase más tarde. Voy a cien.
Y pasados 15 minutos:
- Azu, cariño. Si no lo quieres ver más porque ha sido el peor polvo de tu vida, pues se lo dices. Qué está aquí otra vez.
- Dile que estoy reunida. Mira, te juro que no sé quién es. Pídele el nombre.
- Raúl.
- Ni idea. Que vuelva otro día.
No obtuve respuesta por el teléfono. Más bien la respuesta vino a base de gritos y por el aire.
Me levanté de repente. Todo el mundo salió a la recepción y al momento se echaron a correr. Algunos hasta se pusieron a hablar por teléfono debajo de sus mesas.
Me acerqué hasta Valeria y pude ver a Raúl. No lo conocía, pero llevaba una pistola enorme. Valeria estaba llorando:
- Azu, que nos mata. ¿Pero qué le has hecho a este tío?.
Y le oí la voz:
- Calla, mamona. Así que tú eres la que me apartó de Laura.
Con tanto sobresalto ni me acordaba ya de Laura. Raúl era el novio desvirgado de Laura, la chica de la FCT que se nos fue con Rennée tras firmar el contrato coital. Estaba muy nervioso y sudando como si hubiese venido corriendo desde Jaca. ¡Y sin hacer paradita en Burgos!.
Lo primero que hice fue mirar al techo. Quería mirar al cielo como para mandarle un mensaje a Dios: " O sea que este es mi castigo por disgustar a mi madre", pensé. No sabía lo que hacer, pero ya tenía yo a una conciencia bujarrona llamada Diego para guiarme:
- Cari, no te acerques mucho. Dile que deje libre a Valeria y luego le cuentas lo desgraciados que somos todos aquí. Que fijo que en el Santander se merecen hasta sobres con antrax.
- Esto no es el Oeste, Diego. Que es el novio de Laura, la que se benefició al gabacho. Y Valeria no está presa, puede meterse si quiere.
- Uh! Pues en el tema "novios desdichados que buscan venganza" no te puedo ayudar.
Me suponía que Diego escondería el rabo en los dos sentidos de la palabra. Decidí hablar con Raúl para hacer tiempo y que apareciese la policía. Que digo yo que alguien habría avisado:
- Tranquilo, Raúl. Yo no tengo nada que ver. Si hay alguien culpable aquí es la ley del deseo que hizo que Laura se uniese sexualmente a otro hombre.
-¡Qué puta que eres!. Y vas y me dices que mi Lauri ha follado con otro.
- Ahí no has estado fina- apostilló Diego.
- Pues vienes aquí y hablas con él. Mira, lo mismo hasta haces que cambie de gustos y te lo tiras.
- Guapa, no estoy tan necesitado como tú, que mira que cara tienes - este tipo de frases-puñal son especialidad de la casa. Aquí en la editorial se practica mucho este deporte.
- Pues que sepas que estas semanas he follado y bien. Unos polvos que recordaré siempre.
- Tú siempre tan poética. Seguro que ni follaste, y era en tus sueños. O peor, que fue fruto de masturbaciones mezcladas con imaginación y te has creído que has follado y todo.
Y un tiro formó un boquete en el techo:
- Coño, que aquí soy yo el que tiene una pistola. Y os puedo matar. Callaos ya. Exijo que me digáis dónde está Laura.
- Eso no te lo puedo decir... - y no pude decir más.
- En Francia. París, más exactamente. Y hasta te puedo dar la dirección exacta- no dudó en intervenir Diego.
- Tú es que cuando tienes miedo te despojas de todas tus plumas, ¿verdad?- le dije entre dientes.
- ¡Ahora me dirás que quieres morirte!. Que se vaya a la central francesa a liarse a tiros y nos deje en paz.
Raúl, cansado, me agarró y con amenazas nos metió en la salita a las chicas, que estaban agazapadas detrás de las plantas, y a Diego. El resto de la gente aprovechó para irse. Su momento de gloria y valentía ya había pasado. Al menos nos pudimos tomar unos cafés y calmamos un poco al pobre chico.
Nos contó, con mucho lirismo, su historia de amor con Laura. Por amor, Raúl renunció a estudiar la carrera de Derecho en una privada fuera de la ciudad, y se puso a estudiarla en la pública. Por amor, también, se puso a trabajar para poder ahorrar y tener un coche que tanta ilusión le hacía a Laura:
- Y que si tenía coche que lo haríamos allí por primera vez me dijo.
- Pues donde esté la cama o la lavadora en funcionamiento- esa era Marisa que hizo que todos mirásemos hacia ella a la vez.
Raúl ya había soltado la pistola y la situación se despojó de toda la tensión y miedo anteriores. Sofía marcó el siguiente momento:
- ¿Sabes?. yo me quería tirar al francés ese que se llevó tu querida. Así que yo por venganza te ofrezco que nos lo hagamos aquí.
- Sofía, mira si vas salida que ya no andas por tu propio pie, sino que vas nadando de lo mojada que andas. Y creo que hablo en nombre de todos cuando digo: ¡¡¡no quiero ser espectador de excepción de este polvo!!!- dijo Diego, aunque con cierta envidia.
- ¡Pero hombre!. Yo me refería a hacerlo por algún lugar de la oficina. La sala de juntas está vacía y es muy amplia, y con moqueta. ¿Qué dices, Raúl?.
Raúl no se creía lo que estaba sucediéndole y accedió pero con cara de asombro. Sofía lo cogió de la mano y se dispusieron a salir de la salita. Al abrir, enseguida entró la policía que estaba esperando el momento. Y aquí entra mi persona en juego:
- ¡Alto, Policía!. Coño, si está la puta también.
Primero miraron a Valeria, por esas cosas de la fama. Al momento cambiaron las miradas cuando me arrebaté:
- Hasta cuando voy a tener que explicarle al mundo que todo fue un malentendido.
El silencio se apoderó de toda la oficina, si bien es cierto que sólo quedábamos nosotros. La Policía se llevó a Raúl pero Sofía prometió visitarlo a la cárcel, en un alarde de melodramón del kilo.
Cuando se fueron las chicas y Diego se me acercaron:
- Azu, ¿para cuándo una cena relajada y nos cuentas detalles de esa vida tan azarosa que parece que llevas?- sentenció Valeria

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