Atención: sólo si eres más de corto que largo plazo podrás entrar en la aventura.

domingo, 11 de noviembre de 2007

EN EL LÍMITE DE LA CORDURA.

La situación es la siguiente: mi tía Engracia ha decidido pasar unos días conmigo. Que me tenía muy olvidada y había descubierto lo rico que era mi mundo, y que debería compartirlo con ella. Lo que pasa es que a mi tía, con la cirugía, le han metido un gen de la promiscuidad.
Mi madre, en estos casi dos días, sólo llama para decirme: "puta"; luego cuelga. Al principio me dejaba un poco choff, pero ya me he acostumbrado. Vamos, que es casi como las campanadas de una iglesia cada 15 minutos.
Ayer salí de noche con mi tía (es que suena de un mal) y parecía que seguíamos en Italia. La presenté a mis Maris y ya se convirtió en la estrella de la noche. Luego, que si unos pensaban que éramos hermanas, para entrarle a ella; que si otros pensaban que cómo podía ser que una madre tan joven y tan guapa ya tuviese a una hija, para entrarle a ella. Total que mi noche fue de beber vodka hasta casi saber ruso. El único que se me acercó fue para preguntarme si los vaqueros eran de esta temporada porque, si lo eran, desde luego que conservaba muy mal la ropa.
Acabé en el After del "Tío Luis". No es de mi familia, pero es el sitio al que acudo todas las noches que me quedo sola y los demás han encontrado plan para "desayunar". Lo más fuerte de todo fue ver que ya estaba el after decorado para la Navidad. Me deprimí, pero resistí la tentación de darme el tequila. De repente una mano conocida tocó mi cintura:
- Vaya, Azu. No me pensaba que tus salidas nocturnas fuesen tan deprimentes.
Me giré. No lo conocía. Estaba desconcertada.
No se presentó, simplemente se puso a hablar. Los temas eran diversos: la noche, el amor, la soledad ante una copa, la inflación, que si el Rey... Se ofreció a acompañarme a casa y yo me lancé:
- Sólo si me prometes quedarte a darme un poco de calorcito en la cama.
Accedió. "Jódete, Engracia", pensé. Llegamos a casa y mi tía estaba. Digo que estaba porque los gemidos eran de ella claramente.
- No es que comparta piso. Tengo un familiar que está volviendo a la vida a pasos agigantados.
- Me parece estupendo que tengas buen rollo con la familia. Y tienes un piso muy bonito.
Nos tomamos la última y empezamos la acción en el sofá. Conseguimos concentrarnos y olvidar el ruido que venía de la habitación del fondo. Fuimos llegando a la cama a medida que nos íbamos quitando la ropa y sin dejar de besarnos. La excitación crecía por momentos y me dejé llevar por sus fuertes brazos.
Ya en la cama saqué un condón y me decidí a ponérselo:
- ¡Un momento!. Hay algo que debes saber- me dijo entre suspiros.
- ¿Eres virgen?
- No.
- ¿Estás casado?
- No.
- ¿Ladillas?
- No.
- ¿Te va la lluvia dorada? ¿La coprofagia?
- No, tampoco.
- Pues entonces vamos a ello.
Y follamos toda la noche. Estuvo muy bien y me acercó a mis objetvios de basar mi vida en rollos de una noche. Me quedé sin saber eso tan importante que este tío me quería decir, pero es que tampoco quería saberlo del todo. Sólo me hacía dudar el que en el after me resultase conocido cuando me tocó.

Y esta mañana fue como jugar al amigo invisible entre mi tía y yo, o sea, descubrir los tíos. En la cocina estaba un negrazo de los que quitan el sentido. Desnudo. Todo en él era perfecto. Un cuerpo cincelado y de ébano con un sexo prominente y proporcionado:
- Mira, Azu. Me venía con Enrique a casa y vi a este chulazo vendiendo cd´s y no me lo pensé.
- ¿Dejaste a ese Enrique en la estacada?
- ¡Qué va!. Si le pareció maravillosa la idea del trío. Y yo mandando como nunca.
Esta pequeña conversación necesitaba de un café servido en la bañera.
"Mi hombre" apareció ya vestido y fue la luz del día la que hizo que su cara me recordase a la de alguien. Como no conseguí descifrar mis dudas, tomamos el desayuno con mi tía y su varonil séquito. El Enrique en cuestión también era de rompe y rasga, y estaba desnudo. Parecía que estábamos en el descanso de una de porno gay. El desayuno transcurrió en silencio hasta el eructo del negrazo, que nadie sabía como se llamaba y no hablaba nuestro idioma (pero el idioma del sexo sí). Ese eructo hizo que me pusiese a hablar con "Jaime". Sí, se llama Jaime y tiene 30 años. Trabaja en un banco, en un puesto corporativo y no está casado ni tiene novia. A mi ya me valía para los restos aunque tengo que resistirme a buscar al hombre de mi vida a la primera de cambio.
El desayuno se acabó en el mismo momento que Jaime desveló su incóngita. Era el hijo de Fernando y sabía quien era yo.
- Constantemente mi padre y yo nos contamos nuestras aventuras con mujeres. Tú has sido de las mejores y por eso quiso que te conociera. Espero que no te resulte nada violento. Te lo quise decir pero no parecía importarte.
Mi cerebro se llenó de hormigón para evitar sobresaltarme:
- ¡Para nada!. Si yo estoy en una fase de rollos de una noche. ¡Mira qué bien! Me lo he hecho con el padre y con el hijo.
Estaba claro que era su hijo. De ahí lo de la mano. Y hasta le empezaba a ver parecido físico y todo. Me estuvo persiguiendo toda la noche hasta poder encontrarme a solas y llevarme a su terreno. Si digo la verdad, me siento un poco engañada y hasta una rata de laboratorio con dos tíos "experiementando" conmigo. En otro momento de mi vida resultaría humillante. Ahora no puedo tener ese sentimiento, prefiero pensar que ha sido fruto de la casualidad.

Y ahora, evaluando la situación y contrarrestando los datos de ambos, me quedo con el padre.

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