
Toca revisar conceptos y, teniendo en cuenta la escena de la salita, el concepto que más debo mirar es el de amigas. No puedo ir por la vida pensando que porque me emborrache en cenas de empresa con mis compañeras de trabajo, o porque me salven la vida con un salva-slip de urgencia, sean ya amigas de toda la vida. He llegado a esta conclusión porque con lo de ayer pues me ha quedado claro que no las conozco, pero si esto no hubiese ocurrido yo seguiría de ingenua amontonando amigas como quien guarda bolsas de papel. El trabajo me tiene abstraída de la realidad social que hay en la editorial. Pero esto cambiará, ¡vaya si cambiará!.
En plena "crisis por la amistad" he decidido quedar hoy por la tarde con una que sí es amiga y de verdad. Es Cleofé, que la conozco desde niñas en el cole cuando me dijo: "si quieres que seamos amigas debemos intercambiarnos la comida del recreo". Claro, la muy astuta (¿os pensábais que la iba a insultar?. ¡Poco me conocéis!) sabía lo que tenía ella: queso fresco con unas tostaditas para acompañar, y una pera; yo tenía un bollo de chocolate y unas pocas cerezas. Salí perdiendo pero gané una amiga que ha estado conmigo en momentos cruciales de mi vida. Esos momentos en los que te defines como mujer y ciudadana de derecho en la sociedad.
Cleofé siempre tuvo claro lo que quería: un marido. Ya con 8 años lo contaba en los recreos a toda cuanta niña estuviese dispuesta a escucharla. Lo que se han perdido los partidos políticos con ésta porque se subía a una silla, escalera, o algo de altura, y allí soltaba un discurso de por qué una niña tiene que pensar en casarse desde este mismo momento y todas las virtudes de la mujer casada. De todo esto se había empapado por las ideas de su hermano (ahora hermana, mujer de un pez gordo y presidenta del Club de Tenis de una importante urbanización) y de ver a Alexis Carrington en "Dinastía". Lo de Alexis no lo tengo claro aún hoy. Hubo momentos en su vida en los que le obsesionaba la idea del matrimonio y se pasaba los sábados en El Corte Inglés haciendo hipotéticas listas de boda (la mejor fue la que hizo cuando tenía 16 porque hasta una dependienta la iba aconsejando y todo). Se metió a estudiar la carrera de Medicina para cazar marido y... acabó casándose con el que hoy es ya el cirujano más aplaudido en todas cuantas conferencias va.
Eso es lo que más me gusta de Cleofé, consigue lo que se propone y nunca se "despeina". Ahora acaba de tener un niño, porque ella decía que iba a tener un niño y nada más. Tuvo suerte porque de haberle nacido una niña estoy segura de que sería el primer retoño transexual (es posible que para intentar concebir a Alvarito se hubiese despeinado más de una vez).
Hacía mucho que no la veía porque decidió irse a parir a París y que lo haría después de la Semana de la Moda. Ni qué decir tiene que así fue, y que comparó la emoción de su parto con la belleza de los diseños de Chanel. Durante todo este tiempo nos hemos llamado por teléfono y no hemos perdido el contacto, pero me propuse quedar con ella y, de paso, ver al niño. Tenía intención de ver también a Sergio, su marido, pero es que nuestro encuentro fue en un parque:
- "Cleo, querida, si Alvarito aún está en el cochecito y ni andar sabe, ¿por qué hemos quedado aquí?"
-"Debo dejar claro que soy madre delante de todas estas niñeras para que se lo cuenten a sus "amas" y también miro qué niñita le puede ir bien para cuando lo case. Llevo días fijándome en la niña rubia que cuida la niñera de las Reebok porque creo que es la nieta del dueño del Banco Ultraespañol".
No suelo llevarle la contraria porque el tiempo le da la razón a ella y es como ir a la guerra sabiendo que pierdes porque no llevas armas. Pero me dispuse a contarle mis últimas novedades, sobre todo lo de buscar sólo sexo y no relaciones estables. Me esperaba que me soltase un sermón sobre este cambio de actitud y que me insultase (que no sería la primera vez. Aún recuerdo cuando dejé a Manu, arquitecto y último premio Stirling de arquitectura por su idea de un rascacielos en Tirana, que me dejó toda una semana llorando) o abofetease. Pero se ve que la maternidad ha cambiado a mi amiga:
- "Azucena, es una etapa de experimentación que te llevará más tarde a buscar la relación económicamente más apetecible y te haga ensanchar caderas a base de partos. Yo te apoyaré en todo porque eres mi amiga y te quiero."
Ya si me llegase a llamar Zuci me dejaba al revés porque fue lo único que no cambió en la conversación. Siempre me ha llamado por mi nombre, sin abreviar nada. Yo la llamo Cleo porque lo de Cleofé me suena a monja. La verdad que la respuesta que me dio fue como de consejo de sabio y me ha dejado pensando durante el resto del día.
Por lo demás no tenía muchas novedades que contarme. La novedad ya fue su tono de voz, ahora más dulce y pausado.
Será la maternidad.
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