
Ayer fue un día que me marcó por una situación que ya se dio por la mañana y me tuvo el resto del día reflexionando.
Llegué empapada a la editorial y no por culpa de la lluvia. Un aspersor mal colocado en los jardines de la calle me hizo la jugarreta. Así que entré directamente en la salita, donde sabía que estarían todas. Entré enfurecida:
- ¿ No sabéis lo que me acaba de pasar?
- Te has mojado con el aspersor. A Diego también le pasó y se ha ido a casa porque dice que un representante sindical no puede dar mala imagen- dijo sin gran energía Loreto.
Sofía estaba acariciando como a modo de consuelo a Valeria que no era capaz de apartar su mirada de la mesa. Estaba cabizbaja y muy rara. La salita parecía un velatorio. Y llegué a una conclusión:
- Oye, Nuria, ¿quién se le ha muerto a Valeria?
- Anda, ¡qué bruta!. Esto es peor aún.
No entendía nada y, antes que volver a meter la pata, le pregunté directamente a Valeria no sin antes mojar la mesa con el goteo de mi pelo:
- Valeria, ¿pero qué te pasa?.
Me miró y se echó a llorar ( dudé de si lloraba por su pena o por la pena que le producía mirarme a la cara con todo ese maquillaje corrido).
- ¡No quiero vivir! - gritaba
- Venga, Val. Que alguien le cuente a Azu lo que pasa - reclamó Sofía.
- Voluntaria - dijo Marisa- pues que resulta que a nuestra gran "testadora" de hombres le dan aprensión los churros demasiado grandes y gordos.
Me llevó un ratito chiquito relacionar los churros con los penes. El agua había empapado mi cerebro también.
- Yo ya le dije que si llega a ver la de mi marido, se hace lesbiana de golpe -replicó Nuria.
"Nuria, bonita. Nunca te verás en la misma cama que Valeria", pensé para mis adentros.
O sea, que a Valeria ahora le daban miedo que la penetrasen con un miembro descomunal.
- Ni masturbarlo puedo, me asusta - decía entre lágrimas- Lo peor es que es el hombre de mi vida. LLevamos ya 3 meses y siempre me respetó. Vamos, que no me propuso cama el primer día.
A Sofía le emocionaba esto de los hombres que te "respetan".
Y es que la vida es muy cabrona. Porque una mujer como Valeria que siempre iba de flor en flor, ahora que se le presenta una oportunidad de estabilidad, va el destino y la jode.
- Bueno, yo no veo demasiado problema en el tamaño. Además, que si te ha respetado no va a ser un salvaje en la cama. Te tratará bien.
- No lo entiendes, cariño. Ella no ve en su entrepierna una máquina de placer, sino al mismísimo monstruo del Lago Ness - decía Loreto con los ojos como platos.
- Val, ¿y si vas a un psicólogo?. ¿Se lo has dicho ya a tu novio? - propuse
Valeria casi no podía hablar entre tanto sollozo, pero el resto hablaba por ella:
- Tú eres de las que todo lo soluciona con un loquero. ¡Démosle pastillas también a la pobre! - declamaba con los brazos en alto Nuria.
- En defensa de Azu os tengo que decir que, en mis múltiples viajes de tantísimo placer, me he acostado con verdaderos portentos de la naturaleza. Y no me han hecho daño
- Gracias, Sofía. Yo he tenido algunos encuentros con hombres que la tenían enorme y no me pasó nada. ¡Sigo viva!
Con todo, se nos pasó la mañana en un suspiro. Valeria acordó dejar a su novio porque no podía soportar seguir así. Y Marisa zanjó la charla:
- ¡Nunca llueve a gusto de todos!. Si mi marido tuviese una polla como una torre, yo ni vendría a trabajar. Esa polla sería mi dios. Y le rendiría culto por la mañana, por la tarde...
En resumen, que hay mujeres que le dan importancia al tamaño pero a la inversa. Es algo que nunca había pensado. En mis pequeñas charlas de universidad sobre hombres me había quedado bastante claro que el tamaño no importaba, pero que si se presentaba un sexo generoso mejor que mejor.
No sé, ¿a ver si ahora con esta conversación voy a tenerle aprensión a los superdotados?. Ya sería lo que faltaba.
Y Él que sigue sin dar señales de vida. He debido dejarle como 15 mensajes de voz desde el Domingo por la noche. Aún tengo esperanzas.
1 comentario:
Que vaya al psicólogo, que si es el hombre de su vida no debe dejarlo escapar
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