
El domingo me lo pasé encerrada en casa, con buenas provisiones de comida de todo tipo, y con la herramienta que me podría dar la oportunidad de ir sabiendo algo más de Fernando: Google.
Ante todo hacía falta ponerse a ello sin más. Por ese motivo no me duché. Me levanté de la cama y fui directa al ordenador.
Ni correo ni nada. Como sólo sabía su primer apellido tuve que hacer un proceso de eliminación de todos los "fernandos" con ese mismo apellido de primero. Las imágenes al principio no me ayudaban nada porque no salía. A eso de las 12:30 conseguí saber su nombre completo: Fernando José Tedacci Urquiola. Aprenderlo fue cuestión de unos traguitos de Stolichnaya. Era una puerca sentada delante de un ordenador, con miguitas de cosas a mi alrededor y por mis tetas.
El nombre me abrió las puertas a partes de su vida (ya era independiente a los 17 y trabajaba y estudiaba a la vez), y pude saber que es un enamorado del arte flamenco, la arquitectura de Le Corbusier, y el cine de Edgar Neville. ¡Qué completo este hombre!. Para acercarme a él puse a bajar películas de este señor. Descubrí que fue un director español y... ¿películas en blanco y negro?. ¡Todo sea por amor, dinero, posición social, vestir de firmas...!
Mi primera búsqueda de información me dejó un tanto exhausta y decidí tomarme un baño. Eran las 16:45. No podía parar de pensar en él. Me llevaba el teléfono conmigo por toda la casa por si se le ocurría llamar. Bueno, es que hasta conseguí saber su domicilio y teléfono fijo (la oculta KGB debería plantearse acogerme en su seno).
Me daba vergüenza llamarlo. ¿Y si me llamaba pesada?, o peor, ¿y si estaba con otra ya?. Me empecé a emparanoiar con la idea de que seguro que había vuelto con su ex-mujer (claro, en cuestión de un día). Mis pensamientos me aturdían. Tenía que tomar aire. Me fui al parque.
Salí de casa, tiré las fresas que él había traído para "nuestra noche" porque estaban negras, y me puse a andar. Me conecté al Ipod pero no fue buena idea. ¡Todas las jodidas canciones me hacían sentir identificada con mi actual situación!. Era todo muy paranoico ya que era oir frases del estilo: "ya no te tengo en mis brazos"; "te deseo lo mejor con ella"; etc. y hasta se me llenaban de lágrimas los ojos.
Escogí un banquito apartado en el parque y me saqué una cajetilla. Era una situación para fumar un poco. Directamente me comía los cigarros. Era horrible. Al cabo de un rato llegué a una especia de paz interior. Ya no estaba pensando en él. Y de repente...
- ¿Sabes que cuando una tía se sienta sola en esta zona del parque es porque quiere jalarse una polla de campeonato?- ¡Dios, el típico dominguero salido y de chándal!
- Pues es una lástima que yo tenga el feo vicio de limarme los dientes todos los días. Podrían cortar hasta el hormigón.
- Una guerrera. Sé que acabaremos en la cama y sé que luego me buscarás pidiendo más.
- Mira, "hombretón". Ya tengo bastante con pensar en un hombre como para pensar en dos. Y además que uno de ellos seas tú.
- Vale. Vamos a empezar de nuevo. Si quieres me presento, hablamos de temas de actualidad, yo te abro el corazón, y luego tú abres la boca, las piernas, el ojete...
- ¿Sabe tu mamá que estás obsesionado con las mamadas? ¿Cuántos coños te has comido? Seguro que ninguno, porque tú eres de los que al correrte ya no pueden más y si te he visto no me acuerdo- conseguí decir esto sin apartar mi mirada de la suya, todo un acto de valentía.
- Yo no creé las reglas. Mira allí, ¿ves?.
Lo que ví fue a un tío de pie y a dos muejeres de rodillas medio peleándose por tener en su boca un miembro descomunal.
- Pues me tendré que ir. Porque yo no sabía que esta era la " felatio place", teniendo en cuenta que este parque es muy frecuentado por niños. ¡No me lo quiero ni imaginar!.
Mientras me marchaba escuchaba al tipo del chándal como me recriminaba lo estrecha que era, que si nunca iba a encontrar un hombre de verdad porque sólo me gustan los maricones, que si mi madre seguro que le ha dado lustre a su miembro más de una vez...
Estaba visto que no iba a poder descansar nada de mis continuos pensamientos. No me quedaba tabaco, el Ipod ya me hartaba, no tenía el dinero suelto suficiente para un café. Así que opté por irme a casa. Y de camino a casa, un domingo, vino a mi cabeza el "It´s rainning men". Durante todo mi trayecto pasaron todo tipo de tíos cañón. Era como un castigo. Apuré el paso.
Ya en casa solté un suspiro enorme y me dije:
¡Qué gilipollas!.
Porque si hacía unas semanas me había propuesto sólo enrollarme con tíos y no buscar nada más, ¿por qué no había aceptado en el parque (aunque follar con uno que lleva chándal me tira para atrás)?, ¿por qué no intenté dejarme entrar por uno de los macizorros que escenografiaban mi "It´s rainning men"?.
¡Y NO ESTOY ENAMORADA!
Al menos por ahora...
1 comentario:
Bueno, que decir de esta entrada, ya sabes un peu identificada...(sobre todo con lo de que los tíos con chándal echan para atrás).
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